Aside

<div style=”margin-bottom:5px”> <strong> <a href=”https://www.slideshare.net/egarea/educar-en-tiempos-de-redes&#8221; title=”Educar en tiempos de redes” target=”_blank”>Educar en tiempos de redes</a> </strong> from <strong><a href=”http://www.slideshare.net/egarea&#8221; target=”_blank”>Eva Garea Traba</a></strong> </div>

Siguiendo la definición de “desinformación” acuñada por  Neil Postman[1], considero que uno de los principales problemas que presenta la enseñanza hoy, no es que el alumnado no tenga información, sino que tiene una información fragmentada, irrelevante o superficial que crea una falsa ilusión de que sabemos algo, cuando de hecho nos aleja del conocimiento.

Esta ilusión de conocimiento que produce la fragmentación de la información está basada en dos pilares fundamentales: El primero es la fragmentación curricular, el segundo los nuevos medios de comunicación. Superar el primero e integrar y controlar los segundos deberán ser objetivos prioritarios de la enseñanza secundaria.

Parte de la labor educativa será luchar contra las eliminaciones del contexto que generan desinformación. La necesidad prioritaria, si queremos generar un conocimiento significativo, perdurable e integrador es dotar a los nuevos aprendizajes de un contexto que permita comprender las influencias generadas por las ideas, los descubrimientos, las teorías científicas, el arte y la religión, en la evolución histórica.

Pero el problema de la sobrecarga informativa, a mi juicio, no proviene exclusivamente del ámbito digital. En la escuela es el curriculum el principal encargado de esa sobrecarga debido principalmente a su fragmentación y, a lo mejor el contexto digital es una de las vías de solución.

Por un curriculum fragmentado, nos referimos a una multiplicación excesiva del número de materias impartidas por cursos y niveles educativos, lo que provoca una disociación fuerte de la atención que requiere cambiar, en pocos minutos, de los contenidos de una materia a otra completamente diferente y sin una  conexión lógica aparente.  En cada año académico deben cursarse entre nueve y doce materias con contenidos curriculares muy diferentes entre sí.

Por ota parte la fragmentación del curriculum es necesaria en una sociedad del conocimiento, sobre todo en el cursos terminales del bachillerato, donde el alumnado debe conocer las opciones para su futuro profesional y adquirir las capacidades necesarias para su ingreso en la universidad.

Sin embargo se detecta que algo no funciona bien en el actual sistema educativo. Que hay un problema con la educación, con la instrucción es obvio. Basta ver lo que dicen los informes internacionales sobre el nivel de la enseñanza en nuestro país para constatarlo. Las quejas fundadas de los profesores que trabajan en la enseñanza media, tanto la obligatoria como el Bachillerato, que es el entorno en que yo me muevo y que me resulta más conocido, o las quejas, fundadas también, que llegan desde la Universidad, sobre aspectos relativos al comportamiento y los conocimientos y las destrezas de los alumnos que llegan a sus aulas.

Y un problema con la instrucción afecta al meollo, al núcleo del sistema. Una instrucción deficientemente atendida desestabiliza las dinámicas del sistema, trastoca las escalas valorativas, difumina los centros de atención, diluye la identidad funcional del profesor, vuelve imprecisos los objetivos finales y los operativos, deslocaliza los objetivos del alumno y dispersa su atención, amainando su impulso de superación. En este sentido es importante recordar que un sistema de instrucción demasiado volcado en la transmisión de la información como una cuestión técnica, con un vocabulario especializado y gobernada por expertos, cada vez más alejados de la sociedad, recrea un sistema educativo en la que alumnado y profesorado pierden su control sobre los procesos y resultados del conocimiento. En este  sentido, es necesario recordar las palabras de Beyer: El rechazo de la racionalidad tecnológica, lleva pues consigo, a la vez, la humanización y democratización del conocimiento, así como una individual y grupal responsabilidad por la acción[2].

Si queremos, pues, un conocimiento verdaderamente significativo, aprovechable por el individuo y la sociedad, debe generar una comprensión tal que influya en el conjunto de nuestras acciones, decisiones y valores.

La construcción de mapas operativos que favorezcan la integración, el compromiso del alumnado con la adquisición de conocimiento y la toma de conciencia del valor de la tarea de la investigación  son una forma de luchar contra el desinterés, la desmotivación y el descreimiento en la importancia de los contenidos escolares. En este último sentido creemos que son muy aleccionadoras las palabras de Pennac en Mal de Escuela:

¡Estoy aquí, en esta clase, y comprendo por fin! ¡Ya está! Mi cerebro se difunde por mi cuerpo: se encarna.

Cuando no es así, cuando no comprendo nada, me deshago allí mismo, me desintegro en ese tiempo que no pasa, acabo hecho polvo y el menor soplo me disemina[3].

Siguiendo de nuevo las ideas de Postman debemos recordar que, en muchos casos se habla de la sociedad de la información y del conocimiento de una forma acrítica. La sociedad del conocimiento hace referencia, sin embargo a la  apropiación crítica, y por tanto selectiva, de la  información protagonizada por ciudadanos que saben qué quieren y qué necesitan saber en cada caso y como utilizarlo. La tecnología que dió lugar a esta sociedad, sin embargo no es asumida críticamente. En la mayor parte de los casos, los entusiastas solo ven lo que pueden mejorar estas tecnologías (acceso más rápido a los datos, información instantánea y en cualquier lugar e idioma, facilidad de acceso individual….) pero son incapaces de imaginar las habilidades que destruyen esas nuevas tecnologías[4].

Sin llegar a las tesis catastrofistas que manifiesta Neil Postman, creemos que la escuela no puede renunciar a realizar una tarea crítica acerca de la forma en que las nuevas tecnologías afectan a las relaciones de enseñanza-aprendizaje.

Posiblemente, como todas las tecnologías tiene influencias positivas y negativas. Se ha dicho en diversas ocasiones que la escuela sigue en el mundo de la tipografía, mientras que la sociedad está ya en el mundo digital. Pero todas las simplificaciones son, en si mismas, falsas. Es verdad que el libro sigue teniendo una presencia importante en el medio educativo, pero las aulas virtuales y la Red también van implementándose en la misma. ¿Pueden realmente convivir? A juicio de Postman, esto no parece posible, de la misma manera que medios audiovisuales y escuela se convirtieron en formas de acceso a la información no compatibles. Probablemente, buena causa de ello la tiene la dificultad de la escuela para implementar contextos informales de aprendizaje, que requieren tiempos y espacios diferentes del horario lectivo. Sin embargo sólo desde la escuela se puede enseñar a utilizar una herramienta de una forma crítica, usándola y reflexionando sobre las consecuencias que su uso tiene en la gestión de nuestro conocimiento. En particular me  interesa la forma en que la Web cambia nuestra relación con el conocimiento y la manera en que tenemos de garantizar la fiabilidad de la información, cuestión fundamental para la propia tarea filosófica. También espero que la sobrecarga informativa sea una oportunidad, como afirma Dolors Reig, para reflexionar sobre la tarea que a la escuela le incumbe en el proceso de enseñar a pensar, también con entornos digitales.

 Tradicionalmente se han tipificado  las culturas en relación a los instrumentos usados para transmitir los conocimientos, instrumentos como la oralidad, la narración, la imprenta o el telégrafo, transformaron no sólo los medios de transmisión de los conocimientos, sino la propia cultura, sus valores y su forma de afirmar la verdad de un saber determinado. Para conseguir verdadera información tenemos que poder comprender y valorar los diferentes mensajes que se nos transmiten a través de los canales de conversación  de nuestra cultura.

Los canales de conversación privilegiados en nuestra cultura son fundamentalmente los medios audiovisuales e Internet, que han dejado a la tipografía en un estado marginal, casi reducido, en exclusiva al contexto escolar. Estos canales de conversación o tecnologías que permiten intercambiar mensajes a la gente de nuestra cultura, son, como diría Postman, generadores de nuevas interpretaciones de la realidad. Los medios audiovisuales producen un cambio en la estructura del discurso favoreciendo diferentes funciones del intelecto. Así, el conocimiento en el contexto tecnológico actual, se vuelve cada vez más fragmentario y menos integrador, menos significativo y menos contextualizado[5]. Esto está provocado por la particular forma de emitir los mensajes, cada vez más breves, más alejados de la realidad inmediata, más vinculados a la imagen, mucho más saturados de información no relevante para las decisiones vitales…

El conocimiento a través de las Redes de Comunicación actuales, tiene sin embargo algunas virtudes, por ejemplo la capacidad de interrelación entre diferentes conocimientos, fomenta el interés por ampliar la información de una forma cómoda y permite encontrar informaciones, no directamente relacionadas de forma casual.

Convertir estas ventajas en habilidades cognoscitivas verdaderamente importantes para el desarrollo personal y social requiere establecer patrones de busqueda y aplicación de la información que logren convertirla en potencialmente significativa, lo que dará lugar a produccións creativas. En este sentido es fundamental la creación de un contexto.

Como afirma Postman, la creación de un contexto requiere establecer en el proceso de aprendizaje y en la secuencia de actividades tres criterios fundamentales: continuidad, coherencia y permitir la percepción de las contradicciones y las implicaciones entre ideas. Estas tres actividades estaban garantizadas con los procesos de adquisición del conocimiento a través de la lectura de libros y manuales. La oralidad de las clases permitió, durante algún tiempo suplir los defectos de continuidad en la adquisición de conocimientos a través de la lectura haciendo este más rápido.

La situación actual de un mundo digitalizado, sin embargo, no permite la continuidad. Como diría Postmán el supuesto fundamental de ese mundo no es la coherencia sino la discontinuidad[6]. La masificación de datos que supone la tecnología digital, hace que centremos la atención en la adquisición de eses datos y no prestemos atención a la explicación, relación y generación de significados a través de ellos. Es necesario, entonces, que profesorado y alumnado tomen conciencia de que la idea que se transmite a través de las nuevas tecnologías consiste en señalar que la dificultad principal para resolver los problemas radica en la insuficiencia de datos.  No obstante, sólo en un contexto significativo los datos son verdaderamente útiles. No generamos un anuncio publicitario original, usando por ejemplo el mito de Sísifo, si no podemos relacionar este mito, con la realidad actual. Para eso será necesario comprender el origen del mito y como se usó, en el siglo XX para explicar la falta de sentido de la existencia humana. El unico sitio donde se puede elaborar ese conocimiento relacional, ese contexto que permite comprender y aplicar es en la escuela.

En la actividad docente del aula debemos tomar conciencia, no de que podemos utilizar los nuevos medios digitales para controlar y hacer más gratificante el contexto educativo, sino que debemos  podemos usar la educación y la docencia para controlar, utilizar y poner al servicio del conocimiento creativo los nuevos medios digitales.

Para llevar a cabo esta tarea de controlar los medios y ponerlos en disposición de generar conocimiento efectivo, relevante, útil y creativo, y necesario diseñar estrategias adaptadas la una nueva epistemología que surge efectivamente de este nuevo contexto digital.

Existe la creencia generalizada de que para incorporar de forma exitosa una tecnología de la información y comunicación a la enseñanza son fundamentales el hardware (potente) y un software eficaz. Nosotros  pensamos que es mucho más importante tener presente que, respeto de las herramientas, aunque implican siempre  una cierta forma de uso, su uso es una cuestión fundamentalmente moral y, por tanto, fruto de la decisión de los ser humanos que definen su uso.

La escuela debe enseñar y transmitir, no sólo conocimientos, sino capacidades y habilidades en la construcción del  conocimiento. Por eso debe ser capaz de centrar al alumnado ante la tensión de adquirir nuevos conocimientos, que lo descentran y lo confunden, y convertilo en el centro de su propia educación otorgando significado a esos conocimientos. Dos trabajos de sentido contrarios, pero complementarios.

Cuando me planteo mi tarea en el aula, más allá de las exigencias en contenidos de la propia materia de Filosofía, me propongo además  unos objetivos básicos:

 Para la mejora en la búsqueda y gestión de  información

  1.  Aprovechar las nuevas formas de acercarse al texto que brindan los formatos digitales
  2. Mejorar la concentración y la observación, que los entornos digitales debilitan y fragilizan.
  3. Mejorar la continuidad de un pensamiento que la red fragmenta, al mismo tiempo que se lucha, a través de los medios digitales contra la dispersión, la falta de densidad y la discontinuidad, estableciendo síntesis y recuperando la densidad y la importancia del pensamiento.
  4. Reflexionar sobre las propias estrategias de búsqueda del conocimiento y la credibilidad de las  fuentes de información.

 

Para la comprensión histórica e la creación de un contexto

  1. Establecer un contexto histórico, en sentido  diacrónico y sincrónico, para generar  información relevante, estructurada y no  fragmentada
  2. Establecer conexiones entre diferentes épocas históricas, mostrando la influencia  de determinados conceptos en la creación de los diferentes marcos sociales, científicos, políticos y artísticos.
  3. Fomentar la intedisciplinariedad, el “uso” de los conocimientos aprendidos en diferentes áreas a la comprensión de los procesos históricos y de la realidad actual.
  4. Generar la comprensión de los conceptos claves que definieron cada época histórica y las influencias en los pensadores, científicos y artistas  de esa época.

Para establecer pautas de pensamiento creativo y mentalidad investigadora

  1.  Establecer el aprecio por el conocimiento y la comprensión  de las líneas de fuerza que rigen el  proceso histórico y que facilitan la comprensión del mundo actual.
  2. Establecer nexos a través de la historia que fomenten y permitan mejorar el pensamiento creativo entre el alumnado.
  3. Relacionar diferentes ámbitos culturales a través de conceptos claves: cine, música, ciencia, religión, filosofía.
  4. Aplicar los conceptos aprendidos en diferentes áreas de conocimiento a nuevos contextos.

[1] Postman, N. Divertirse hasta morir. Ediciónes La Tempestad. Pp. 111

[2] Beyer. Practical strategies for the teaching of thinking. Boston,  Allyn and Bacon, Inc. 1987 Pp.29

[3] Pennac, Daniel. Mal de Escuela. Ed. Mondadori 2008

[4] Postman. Tecnopolis. Ed. Galaxia Gutemberg 1994

[5]  Postman. Divertirse hasta morir. Pp 111 edit. La Tempestad.

[6] Postman. Divertirse hasta morir. Pp 114 edit. La Tempestad.

La educación en tiempos de redes

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